La luna y la serpiente

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La luna y la serpiente

Para quien estuviera familiarizado con las mitologías de la diosa de los mundos primitivo, antiguo y oriental, reconocerá equivalente bíblicos, sin lugar a dudas. Sin embargo, no son pocas las transformaciones que sufrieron estos relatos, alterándose en muchos casos el significado original. Por ejemplo, en el episodio de Eva y el árbol, nada se dice respecto a que la serpiente que se le apareció y le habló era una deidad con derecho propio, que había sido adorada en Levante algo así como unos siete mil años antes de la composición del libro del Génesis. En el museo del Louvre hay un jarrón fechado alrededor del 2025 a.C. que se corresponde con una manifestación sumeria tardía de este consorte de la diosa , que llevaba el nombre de Ningizzida, "Señor del árbol de la verdad". En esta pieza, se observan también dos dragones alados (leones-pájaros) y dos serpientes copulando, entrelazadas en una vara a la manera del caduceo del dios griego del conocimiento y el renacimiento, Hermes.

La sorprendente capacidad de la serpiente para mudar la piel y renovar de este modo su juventud, le ha proporcionado en todo el mundo el carácter de señor del misterio y del renacimiento, del que la luna, creciendo y menguando, mudando la piel al cambiar su sombra y creciendo nuevamente, es correspondiente simbólico en el firmamento.

De esta forma, la luna es el señor y la medida del ritmo creador de la vida en el útero y, por tanto, del tiempo, a través del cual los seres vienen y se van: señor del misterio, del nacimiento y de la muerte, que no son sino aspectos de un estado del ser.

La luna gobierna las mareas y el rocío que cae durante la noche para refrescar el césped que alimenta al ganado. Pero la serpiente, aunque habita en la tierra, también es señor de las aguas, se desliza con el movimiento de una ola, o asciende por las ramas de los árboles colgando de ellos como fruto mortal. Podría observarse que existe una clara referencia fálica, aunque como devoradora, también sugiere lo femenino. De esta forma, podría decirse que la serpiente implica una imagen dual, que opera implícitamente sobre el plano de los sentimientos.

Bibliografía:

Campbell, Joseph. Las mascaras de Dios Mitología Occidental

 
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